Unidad de Forma y Contenido en el Apocalipsis de San Juan

Ambrosio Troncoso Sandoval

Todas las citas bíblicas utilizadas pertenecen a nuestra transcripción del Apocalipsis de san Juan (Biblia RV1865).


Introducción

Uno de los puntos más importantes que se presentan al estudiar el Apocalipsis de san Juan es saber si el libro posee unidad de forma y contenido, en el que sus elementos se integran en un todo coherente, o, si por el contrario, no es nada más que una colección de relatos, visiones, símbolos y mensajes sin conexión alguna entre ellos. Si fuera este el caso, el Apocalipsis habría sido compuesto en forma arbitraria por alguien que tomando elementos dispersos los reunió y publicó como un solo libro.

Algunos ejemplos de la supuesta falta de unidad del Apocalipsis serían los capítulos 2 y 3, que contienen los mensajes a las siete iglesias de Asia. Ellos parecerían no tener relación alguna con las profecías contenidas en el resto del libro, que incluyen los capítulos del 4 al 22. Otro ejemplo semejante sería el relato de Los Dos Testigos, que está en el capítulo 11, y que parece ser un texto independiente, sin relación con el resto del Apocalipsis.

Del mismo modo, el llamado Ciclo de las Siete Copas de la ira de Dios (capítulos 15: 5-8 y capítulo 16: 1-21) sería solo una repetición del Ciclo de las Siete Trompetas (capítulo 8: 2-13 y capítulo 9: 1-21), por lo que uno de los dos ciclos mencionados estaría fuera de lugar en el Apocalipsis.

En contra de esta opinión, intentaremos demostrar aquí que el Apocalipsis de san Juan posee una fuerte unidad de forma y contenido; que su autor dispuso los símbolos, imágenes y relatos enlazados perfectamente entre sí, formando un todo coherente. Esto lo hizo a fin de exponer claramente el objetivo central del Apocalipsis, que es la preparación del reino de Dios en el curso de la historia y la manifestación final del Día del Señor.

La unidad del Apocalipsis se confirma también si nos detenemos en la forma literaria empleada por el autor, que es la carta. También por el propósito central de su libro en relación con la segunda venida de Jesús, y a la vez porque en ciertos capítulos del Apocalipsis se anticipan algunos temas que se desarrollan completamente en capítulos posteriores.

La Forma Literaria del Apocalipsis

El Apocalipsis de san Juan es un libro escrito en forma de carta circular que su autor envía a las siete iglesias de la provincia romana de Asia: Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. En esta carta se mencionan su autor, sus destinatarios, los mensajes especiales enviados a cada una de las siete iglesias, las profecías sobre la preparación y llegada del Día del Señor, y finalmente las conclusiones de la carta y el saludo final a sus destinatarios.

Por ejemplo, el autor comienza su libro diciendo: “Juan, á las siete iglesias que están en Asia: Gracia á vosotros, y paz de aquel, que es, y que era, y que ha de venir; y de los siete espíritus que están delante de su trono; Y de Jesu Cristo, que es el testigo fiel” (1: 4-5). Concluye su libro con las palabras: “Y yo Juan soy el que ha oido, y visto estas cosas” (22: 8) y “Amen: sea así. Ven, Señor Jesus. La gracia de nuestro Señor Jesu Cristo sea con todos vosotros” (22: 20).

De este modo, la forma literaria de la carta, indicando su autor, destinatarios, contenido y despedida final, es uno de los aspectos que muestran la unidad que posee el libro del Apocalipsis.

El Tema Central del Apocalipsis

El Día del Señor es el tema central del libro, que se va presentando mediante visiones sucesivas y con imágenes grandiosas que muestran el testimonio que mantienen los discípulos en espera de este Día, y el triunfo y manifestación de Jesucristo en su segunda venida, todo lo cual otorga una gran unidad de contenido al Apocalipsis.

Vemos así que el libro se inicia con el anuncio del regreso de Jesucristo en su segunda venida, lleno de gloria y poder: “He aquí, viene con las nubes, y todo ojo le verá, y también los que le traspasaron; y todos los linages de la tierra se lamentarán sobre él” (1: 7)

En el capítulo 22, el último del Apocalipsis, se reitera que la segunda venida es el propósito fundamental del libro, en palabras de Jesús: “Y, he aquí, yo vengo prestamente, y mi galardon está conmigo, para recompensar á cada uno segun fuere su obra” (22: 12).

Estas palabras indican que el Día del Señor está cercano porque Jesucristo viene pronto, pero también dicen que este Día tiene que ser preparado por sus testigos. De esta manera, los Mensajes a las siete iglesias de los capítulos 2 y 3, que a primera vista parecen fuera de contexto en el Apocalipsis, muestran en realidad la exigente lucha que los testigos de Jesús deben dar durante la historia enfrentándose a los poderes del mundo para que finalmente triunfe la palabra de Dios y se produzca la manifestación de Jesucristo en su segunda venida.

En estos mensajes, a cada una de las siete iglesias les muestra sus logros y sus inconsecuencias, les anuncia premios o castigos y los anima a la conversión y a triunfar sobre las fuerzas que manejan el mundo. En el mensaje a la iglesia de Sardes, dice Jesús: “Yo conozco tus obras: que tienes nombre, que vives, y estás muerto (…) Que si no velares, vendré é tí como ladron, y no sabrás á qué hora vendré á ti. Empero tienes unos pocos nombres aun en Sardis, que no han ensuciado sus vestiduras, y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos. El que venciere, este será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida” (3: 1-5).

Esta línea se repite en los mensajes enviados a todas las iglesias, invitándolas a mantener el testimonio de Jesucristo sin dejarse seducir por los atractivos de los poderes del mundo.

Así vemos claramente que los mensajes a las siete iglesias pertenecen con toda propiedad al Apocalipsis porque en ellos se manifiesta muy bien el propósito de su autor que es anunciar el Día del Señor.

Anticipaciones en el Apocalipsis

La unidad del libro queda de manifiesto también porque existen mensajes y visiones que se anticipan en algunos capítulos para desarrollarse plenamente en capítulos posteriores del Apocalipsis, mostrando así la mano de un solo autor y su propósito, que es el anuncio del Día del Señor.

En el primer capítulo, el autor del Apocalipsis tiene la visión de Jesucristo glorificado, que le ordena escribir el libro para que sus discípulos puedan conocer lo que pronto sucederá, que es el Día del Señor. Describe a Jesucristo con rasgos que muestran su gloria y poder, como “y sus ojos como llama de fuego”, “Y sus piés, semejantes al laton fino, ardientes como en un horno”, “y de su boca salía una espada afilada de dos filos” y otras características en el mismo sentido (1: 14-16).

En los capítulos 2 y 3 del Apocalipsis, cada mensaje se inicia tomando uno de los rasgos de Jesucristo de la visión anterior, que habla a las iglesias: “Y escribe al ángel de la Iglesia que está en Pergamo: El que tiene la espada afilada de dos filos, dice estas cosas” (2: 12). Y “Escribe al ángel de la Iglesia de Epheso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candelabros de oro, dice estas cosas” (2: 1).

Estos mismos mensajes concluyen con una promesa para aquellos que se esfuercen en mantener el testimonio de Jesucristo y triunfen sobre los poderes del mundo. Así, a la iglesia de Efeso dice: “Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraiso de Dios” (2:7), promesa que se cumple en la Nueva Jerusalén que se describe en el último capítulo del libro: “En el medio de la plaza de ella, y de la una parte y de la otra del rio, estaba el árbol de la vida, que lleva doce frutos, dando cada mes su fruto” (22: 2). Y dice a la iglesia de Esmirna: “El que venciere, no será dañado de la segunda muerte.” (2: 11), anticipando este tema, que se desarrolla en los capítulos finales del Apocalipsis: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurreccion: la segunda muerte no tiene potestad sobre los tales: ántes serán sacerdotes de Dios, y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (20: 6).

El relato de Los Dos Testigos (11: 1-13) también confirma la unidad del Apocalipsis, aunque a primera vista parece no tener relación con su contexto inmediato, que es el ciclo de las Siete Trompetas. Pero, la narración de Los Dos Testigos es una síntesis alegórica (o simbólica) del tiempo que se inicia con la muerte y resurrección de Jesucristo y finaliza con el Día del Señor. El relato presenta la lucha de los testigos de Jesús, la persecución y triunfo momentáneo de las fuerzas hostiles a la humanidad, y su triunfo definitivo sobre los poderes del mundo: “Y despues de tres dias y medio el Espíritu de vida, enviado de Dios, entró en ellos, y se enhestaron sobre sus piés, y vino grande temor sobre los que los vieron. Y oyeron una gran voz del cielo que les decia: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron. Y en aquella hora fué hecho un gran temblor de tierra; y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra los nombres de siete mil hombres; y los demas fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo.” (11: 11-13). Es decir, el relato de Los Dos Testigos es a la vez una síntesis de todo el Apocalipsis, por lo que está plenamente integrado a este libro.

Que este relato pertenece al Apocalipsis se determina también porque aquí se anticipa la aparición de la Bestia que sube del abismo, que es la figura de un futuro gobierno mundial enemigo de Dios y de la humanidad: “Y cuando ellos [los dos testigos] hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará” (11: 7). La misma entidad es descrita más adelante, en el capítulo 13 del Apocalípsis: “Y ví una bestia subir de la mar, que tenia siete cabezas, y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y sobre las cabezas de ella un nombre de blasfemia” (13: 1) y “Y le fué dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fué dado poder sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nacion” (13: 7). De esta manera, podemos ver que la Bestia que vence a los dos testigos del capítulo 11, es la misma que vence al pueblo de Dios en el capítulo 13, reiterándose así la unidad del Apocalipsis.

El Ciclo de las Siete Copas de la Ira

Por último, los ciclos de las Siete Copas de la ira de Dios y el de las Siete Trompetas, aunque presentan una estructura parecida, no son solo una repetición o duplicado innecesario en el libro, sino que ambos son independientes uno de otro, y cada uno tiene su propósito en el Apocalipsis.

El ciclo de las Siete Trompetas es un conjunto de advertencias hechas a los habitantes de la tierra (es decir, a aquellos que rechazan a Dios) en el sentido de que las plagas sucesivas que se van anunciando y que destruyen la tercera parte de la naturaleza y de los seres humanos, pueden detenerse o evitarse si los habitantes de la tierra recapacitan, dejan sus obras perversas y reconocen a Dios: “Y los siete ángeles que tenian las siete trompetas, se aprestaron para tocar trompeta. Y el primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego, mezclados con sangre, y fueron arrojados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles fué quemada, y toda la yerba verde fué quemada” (8: 6-7). Y del mismo modo sucede cuando tocan las demás trompetas, hasta concluir: “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen á los demonios, y á las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera: las cuales no pueden ver, ni oir, ni andar. Ni tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerias, ni de su fornicacion, ni de sus hurtos” (9: 20-21).

Pero a pesar de estas advertencias, los habitantes de la tierra aceptan finalmente el reino de idolatría cuyo jefe supremo es la Bestia que sube del mar, de siete cabezas y diez cuernos, como se describe en el capítulo 13 del Apocalipsis. La destrucción de este reino se relata en el ciclo de las Siete Copas de la ira de Dios, que se derraman sobre el reino de la Bestia provocando su derrota definitiva y el exterminio de los enemigos de Dios y de la humanidad: “Y oí una grande voz del templo que decía á los siete ángeles: Id, y derramad las siete redomas de la ira de Dios en la tierra. Y el primer ángel fué, y derramó su redoma en la tierra, y fué hecha una plaga mala y dañosa sobre los hombres que tenian la marca de la bestia, y sobre los que adoraban su imágen.Y el segundo ángel derramó su redoma en la mar, y fué vuelta en sangre, como de un muerto, y toda alma viviente fué muerta en la mar.” (16: 1-3).

Este castigo definitivo cae directamente sobre el trono de la Bestia que sube del mar y su poder de idolatría: “Y el quinto ángel derramó su redoma sobre la silla de la bestia; y su reino fué hecho tenebroso, y se comieron sus lenguas de dolor” (16: 10).

Como se puede apreciar, el ciclo de las Siete Copas no es una simple repetición del ciclo de las Siete Trompetas. Ambos ciclos son diferentes entre sí, y ocupan cada uno su lugar en el Apocalipsis de san Juan, por lo que su unidad también se reitera en estos pasajes del libro.

Lo expuesto anteriormente en este artículo permite ofrecer una interpretación coherente de todo el Apocalipsis, ya que sus elementos como símbolos, relatos y visiones se integran perfectamente, proporcionándole al libro una gran unidad de forma y contenido.


Si desea profundizar éste y otros importantes aspectos del Apocalipsis de san Juan, en nuestro libro El Apocalipsis, una Profecía de la Historia, ofrecemos una interpretación integral y actual de éste, el último y único libro enteramente profético de la Biblia.